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5 películas que explican mejor el trabajo en equipo que muchos libros de management

Claqueta, silla de director y foco de rodaje, junto al título «5 películas que explican mejor el trabajo en equipo que muchos libros de management»

Un libro de gestión tiene que explicar cómo funciona un equipo. Una película solo tiene que enseñarlo. La diferencia parece menor y no lo es: en un manual, la confianza es un capítulo; en una escena, la confianza es alguien que decide no comprobar si el otro hizo su parte, y lo que pasa a continuación.

Conviene decir de entrada lo que estas cinco películas no son. No son investigaciones, no son evidencia y algunas toman libertades considerables con los hechos que dicen contar. Son historias, y las historias sirven para pensar, no para demostrar. Ninguna se propuso enseñar nada sobre organizaciones, y precisamente por eso resultan útiles: cada una deja ver un fenómeno distinto sin resolverlo con una frase para colgar en la pared.

Remember the Titans — cuando la cohesión no existe todavía

La historia parte de un hecho real: en 1971, la ciudad de Alexandria, en Virginia, consolidó a sus estudiantes de secundaria en el T. C. Williams High School y fusionó tres equipos de fútbol americano. La película toma libertades con la cronología y con varios detalles —el proceso de integración fue más largo y menos ordenado de lo que muestra la pantalla—, así que sirve mejor como escenario que como crónica.

El fenómeno que retrata sí es reconocible. Un grupo de personas que no se eligieron, que no comparten identidad y que no tienen ningún motivo previo para fiarse de quien tienen al lado tiene que producir un resultado conjunto.

Lo interesante es cómo cambia eso, porque no cambia con un discurso. Cambia con convivencia obligada, con repetición y con situaciones en las que alguien queda en manos de otro y comprueba que responde. Aparece ahí una distinción que en las organizaciones se pasa por alto: cohesión no es amistad. La cohesión es la disposición de un grupo a sostener un esfuerzo conjunto; puede existir entre personas que no se frecuentan fuera del trabajo, y puede faltar en equipos donde todos se llevan estupendamente.

Es la parte que más se salta cualquier equipo con prisa: se pide confianza en una reunión, se imprime en un valor corporativo, y luego se espera que exista.

Moneyball — cuestionar el criterio con el que se venía decidiendo

La dirección de un equipo de béisbol con presupuesto reducido decide construir su plantilla con análisis estadístico en lugar del criterio con el que sus ojeadores llevaban décadas trabajando. El caso real existe: los Oakland Athletics de 2002, con Billy Beane como director deportivo, cerraron la temporada regular con 103 victorias apoyándose en la sabermetría, el análisis empírico del rendimiento que había sistematizado Bill James.

El conflicto de la película no es entre números y personas. Es entre una organización y su propia costumbre. Los ojeadores no son incompetentes: evalúan con criterios que nadie había vuelto a examinar en mucho tiempo, y esa es una situación bastante común fuera del deporte.

Aquí aparece el desacuerdo profesional en su forma más difícil: no discrepar sobre una decisión concreta, sino sobre el método con el que se venían tomando todas. Es el desacuerdo que más resistencia genera, porque cuestionar el criterio equivale, para quien lo aplicaba, a cuestionar su experiencia.

Lo que deja como pregunta es incómodo: cuántas de las cosas que un equipo hace todos los días siguen ahí porque funcionan, y cuántas siguen ahí porque nadie ha tenido el momento —o las ganas— de preguntar por qué.

Ocean's Eleven — las capacidades se diseñan antes de reunir al grupo

Un grupo se reúne para hacer algo que ninguno de sus miembros podría hacer solo. Cada persona entra por una capacidad concreta y muy distinta de las demás, y el plan existe porque esas capacidades encajan entre sí, no porque hubiera once personas disponibles.

Esa es la inversión que propone, y es puro entretenimiento, pero el orden importa: el equipo no se forma primero para asignarle tareas después. Se define qué hace falta y se busca a quien pueda hacerlo. En muchas organizaciones ocurre al revés, y por eso aparecen equipos donde tres personas saben hacer lo mismo y nadie sabe hacer lo que realmente hace falta.

Muestra también algo menos glamuroso: cuando los roles son de verdad complementarios, la interdependencia aumenta. Cada quien depende más de los demás y tiene menos capacidad de compensar solo. Esa dependencia es incómoda y es exactamente la que hace que el conjunto funcione.

The Martian — colaborar cuando no se puede coordinar en tiempo real

Alguien queda aislado en Marte y el problema tiene que resolverse entre él, los equipos en tierra y una tripulación que está en otro sitio. Es ficción —novela de Andy Weir llevada al cine en 2015—, pero plantea con precisión un problema muy actual: nadie tiene toda la información, nadie puede reunirse con nadie y las respuestas tardan.

Es probablemente el retrato más útil para cualquier equipo distribuido. La distancia obliga a cambiar la forma de intercambiar información: cada mensaje tiene que ser suficiente por sí solo, porque no hay manera de aclarar dudas sobre la marcha. Se escribe distinto cuando no se puede preguntar.

Y hay una segunda cosa. El problema se resuelve por partes, en paralelo, por gente que asume que la pieza que no está haciendo la está resolviendo alguien más. Sin esa fiabilidad previa, el trabajo distribuido degenera en supervisión constante, que es la forma cara de compensar la falta de acuerdos.

Hidden Figures — el talento que ya estaba dentro

Tres matemáticas afroamericanas trabajan en el centro Langley de la NASA a comienzos de los años sesenta, en unas instalaciones entonces segregadas por ley. El talento no falta y la capacidad tampoco: lo que falta es acceso. Las barreras son físicas y administrativas, y consumen tiempo y energía que no tienen ninguna relación con el trabajo. También aquí la película dramatiza y comprime episodios reales, así que conviene tomarla como retrato y no como documental.

Es la película más incómoda de la lista para cualquier organización, porque no habla de contratar mejor. Habla de que la capacidad ya estaba dentro y el sistema no la dejaba llegar donde hacía falta. La pregunta que deja no es a quién sumamos, sino quién ya está y no está pudiendo aportar.

Casi siempre las barreras contemporáneas son menos visibles que las de la película: quién entra a según qué conversación, a quién se le pregunta y a quién no, qué opiniones pesan según de dónde vengan, quién se entera de una decisión a tiempo y quién se entera cuando ya está tomada. Ninguna está escrita, y todas se notan.

Qué puede observar Talento Humano

Cinco películas, cinco fenómenos distintos. Puestos como preguntas sobre comportamientos observables, sirven bastante más que como moralejas:


Ninguna de estas historias sustituye a un buen libro, y no es esa la idea. Lo que hacen es más difícil: convertir en algo que se ve lo que en un manual solo se puede afirmar.

Con los equipos reales pasa lo mismo. La cohesión, los roles y la manera de decidir no se entienden explicándolos: se entienden cuando se tiene ocasión de verlos funcionar. Es la razón por la que existe el trabajo que hacemos, y también por la que un programa de team building para empresas en Panamá no consiste en completar retos, sino en crear el contexto donde el equipo pueda observarse a sí mismo.

Un episodio real con este mismo problema, y sin guion, es el del Apollo 13.

En una película se ve en dos horas lo que en una oficina tarda dos años en hacerse evidente. Esa es toda la ventaja, y no es poca.